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El lenguaje del cuerpo

Carlos Bellas, en su entrevista recomendó el libro El lenguaje del cuerpo. Aunque me sorprendió que Carlos, una persona a la que admiro por su inteligencia, lo incluyese en la lista, en un primer momento sinceramente no le di mucha importancia, me parecía un tema secundario. ¿Cómo iba a leer de algo tan banal y mundano como el lenguaje del cuerpo pudiendo leer psicología, Historia, inversión o economía?

Pero al final las cosas caen por su propio peso, solo hay que estar abierto y seguir ampliando los modelos mentales, seguir leyendo, pensando y analizando.

Poco a poco me fui preguntando por que algunas personas miraban más a los ojos, otros se rascaban la nariz continuamente, me fijé en que tenía compañeros que siempre movían las piernas cuando estaban sentados o algunos otros que parecían robots andando, totalmente erguidos. No podían ser sólo comportamientos sin importancia, tenía que haber algo más.

Cada uno de estas observaciones fue una llamada y un recuerdo de la recomendación de Carlos, hasta que finalmente compré en Amazon.

La lista de definiciones de “comunicación” es muy larga, prácticamente cada autor propone la suya. Podemos denominar comunicación al proceso por el cual, unos seres, unas personas asignan significados a unos hechos producidos y, entre ellos muy especialmente al comportamiento de los otros seres o personas.

La primera condición para que haya comunicación es la presencia de un emisor y un receptor.

El estudio de los signos siempre ha estado relacionado con el concepto de comunicación. Como es natural, la expresión corporal que abarca los movimientos del cuerpo y la postura, está relacionada con las características físicas de la persona.

Hay tres clases de movimientos observables: los faciales, los gesticulares y los de postura. Aunque podamos categorizar estos tipos de movimientos, la verdad es que están fuertemente entrelazados, y muy frecuentemente se hace difícil dar un significado a uno, prescindiendo de los otros.

En la comunicación verbal, siendo el lenguaje el factor más importante, reconocemos que producimos y recibimos una cantidad muy grande de mensajes que no vienen expresados en palabras. Estos mensajes son los que denominamos no verbales, y van desde el color de los ojos, largo del cabello, movimientos del cuerpo, postura, y hasta el tono de la voz, pasando por objetos, vestidos, distribución del espacio y el tiempo.

El estudio de estos sistemas de comunicación no empieza de manera rigurosa hasta bastante después de la Segunda Guerra Mundial. Esto no quiere decir que alguna referencia no la encontremos ya en los antiguos mundos Griego y Chino, o en trabajos sobre danza, teatro o liturgia.

Características generales de la comunicación no verbal:

  • La comunicación no verbal, generalmente, mantiene una relación de interdependencia con la interacción verbal.
  • Con frecuencia los mensajes no verbales tienen más significación que los mensajes verbales.
  • En cualquier situación comunicativa, la comunicación no verbal es inevitable.
  • En los mensajes no verbales, predomina la función expresiva o emotiva sobre la referencial.
  • En culturas diferentes, hay sistemas no verbales diferentes.
  • Existe una especialización de ciertos comportamientos para la comunicación.
  • El estudio en que se encuentra este tipo de búsqueda es el descriptivo.

El conocimiento de las formas no verbales de comunicación sirve para convertir el encuentro con otra persona en una experiencia interesante.

Cuando empezó a estudiarse la comunicación no verbal, ésta iba dirigida a gente de ventas, gerentes y ejecutivos, pero más tarde se fue ampliando de tal manera que toda persona, cualquiera que sea su vocación y su posición social, puede usarlo para comprender mejor el acontecimiento más complejo que se presenta en la vida: el encuentro cara a cara con otra persona.

El libro es eminentemente práctico, con ilustraciones que nos ayudan a comprender perfectamente el lenguaje de los gestos, originados con la biología, como casi siempre. Este lenguaje es normalmente inconsciente con lo que nos estará diciendo la verdad de quien habla, siendo mucho más importante que las palabras.

Las aplicaciones son múltiples, trabajo, amigos, familia, pareja,… e incluso, como no, en la inversión, cuando veamos a un directivo de una empresa hablar, quitemos el volumen del video y veamos sus gestos, eso nos dirá lo que está pensando.

Leyendo este libro en el metro me sentía como Mel Gibson en la película En que piensan las mujeres, donde puede escuchar los pensamientos, pero lo mejor de este libro es que no sólo es con las mujeres, es con todas las personas.

Que un libro que te enseña a descifrar lo que las personas piensan cueste 6,64€ es poco menos que ridículo y otra muestra más de que el mundo real tiene unas incoherencias entre valor y precio similares a las del mercado de valores.

Entradas de los lectores: Porqué

Tras leer muchas de las geniales publicaciones de Contrarian.es, recaí en una especialmente interesante bajo mi punto de vista. No era uno de los exhaustivos análisis de empresas (como el de BMW o Samsung), sino que proyectaba una idea mucho más simple y lineal, y para mí de tremenda utilidad y trascendencia, afirmando básicamente que el éxito no da la felicidad, sino que más bien es la felicidad la que nos va a convertir en personas exitosas (No es sobre no hacer nada, es sobre hacer lo que te gusta).

Pues bien, no solo estoy absolutamente convencido de ello, sino que además creo que es totalmente aplicable desde un principio a cualquier iniciativa inversora, y con la explicación de esto mismo espero aportar mi granito de arena al know-how que se está generando en este magnífico blog.

Hace algún tiempo pude ver la charla con la que Simon Sinek, orador y escritor inglés, se hizo famoso dando a conocer su teoría de El círculo Dorado:

Sin duda no deja de ser una opinión, una percepción, una interpretación de una faceta más de la vida con la que se puede estar más o menos de acuerdo, pero creo que el concepto subyacente es una de las ideas más potentes que se pueden reflexionar.

Este concepto para mí no es más ni menos que el uso de la razón. Pienso que una persona comienza a razonar cuando se mueve diametralmente de dentro hacia fuera en el diagrama de Simon. Y también pienso que, por desgracia, es más común moverse en sentido contrario. ¿Cuántas personas puede haber en el mundo que se levanten día tras día para llevar a cabo un trabajo en el que, en ocasiones, están tan lejos de las motivaciones de la organización para la que trabajan que incluso desconocen?,¿es tan raro esto?, ¿cuántas estudiantes empiezan una carrera determinada porque no se plantean otra alternativa, descubriendo años más tarde que jamás podrían pasar una vida entera llevando a cabo la tarea para la cual se han formado?, ¿a cuántas personas, en definitiva, se les pasa la vida respondiendo de manera casi reptiliana los qués, cuandos y dondes en vez de los porqués de su vida?

Desconozco la explicación científico-biológica de este comportamiento, pero si es real que la tendencia de las personas es la descrita, creo que cito con acierto el título de blog si digo que para ser feliz hay que ser más bien contrario a todo esto.

Es difícil argumentar que nada de esto tiene que ver con algo tan emocional e irracional como el mercado de valores. ¿Acaso no tendrá algo que ver que un gran porcentaje de inversores se mueven en éste mercado por miedo, codicia, arrogancia o pesimismo (que no son sino otra forma de miedo)? Por supuesto que sí. Y es por eso y porque es muy fácil basar el estilo de inversión de uno mismo en axiomas ajenos a la irracionalidad del mercado, pero muy difícil hacerlo, que creo que primero hay que responder unos cuantos porqués, ya que de esta forma siempre tendremos nuestro objetivo en el horizonte y ello nos permitirá ser felices haciendo lo que realmente nos llena. Si nos apasiona el value investing, entonces seremos felices pasando horas analizando una empresa. Si no lo es, quizá sea mejor recurrir a otras alternativas.

¿Para qué puede uno querer invertir? Puede parecer una cuestión absurda, pero con su respuesta nos conoceremos mejor nosotros mismos. ¿Es que acaso necesito el dinero para comprar una casa?,¿mi pasión es el buceo y me gustaría ahorrar lo suficiente como para comprarme una lancha y un buen equipo y usarla todos los fines de semana?,¿tengo un hijo de corta edad y creo que debo de aprovisionar e invertir una parte de mi sueldo para que en un futuro pueda disponer de una educación acorde a sus necesidades, y sobre todo a sus preferencias?,¿es para mí la inversión un fin en sí mismo, un método para ganarme la vida porque no me queda más remedio (no creo que haya mucha gente así) o mi auténtica pasión? Las motivaciones pueden ser tan numerosas como personas hay sobre la faz de la Tierra, pero está claro que no pueden ser desconocidas y mucho menos tabú. Al menos no para alguien que aspira a reunir los conocimientos y habilidades necesarias como para batir unas rentabilidades definidas por un mercado, formado a su vez por (al menos una minoría de) inversores que conocerán sus propias querencias y anhelos razonablemente bien (aunque podemos sospechar que no siempre será así). Así que, ¿para qué puedo querer más dinero?,¿Lo quiero porque sí?,¿Lo quiero porque siempre va a ser mejor tener 100 que 10?,¿y qué cosas voy a hacer con ese dinero?, ¿van a colmar esas cosas o vivencias de las que voy a poder disfrutar mis expectativas, otorgándome un extra de felicidad?

Nadie que deposite el fruto de su trabajo en un mecanismo de ahorro que le puede hacer perderlo debe responder con un no se a cualquiera de estas preguntas. Habrá gente que responda con total honestidad y llegue a la conclusión de que efectivamente tienen su pasión en la inversión de valor y están dispuestos a, al menos, dedicar una buena parte de su tiempo libre a pensarlo con más detenimiento. Habrá personas a las que les baste ahorrar en un vehículo de inversión que trate de superar la inflación o ni eso. Cada cual tendrá sus motivaciones, pero lo que está claro es que cualquiera debe planteárselo, antes siquiera de leer su primer libro de inversión.

Al fin y al cabo, no es muy exótico afirmar que antes de llevar a cabo un proyecto de vida como puede ser la inversión primero hay que conocerse con suficiente seguridad a uno mismo.

Buena inversión.

Autor: Rafael Ángel Reyes

Experimenter, ¿somos marionetas?

El experimento de Milgram fue una serie de experimentos de psicología social llevada a cabo por Stanley Milgram, psicólogo en la Universidad de Yale, y descrita en un artículo publicado en 1963 en la revista Journal of Abnormal and Social Psychology bajo el título Behavioral Study of Obedience (Estudio del comportamiento de la obediencia) y resumida en 1974 en su libro Obedience to authority. An experimental view (Obediencia a la autoridad. La perspectiva experimental). El fin de la prueba era medir la disposición de un participante para obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal.

El investigador (V) persuade al participante (L) para que dé lo que éste cree son descargas eléctricas dolorosas a otro sujeto (S), el cual es un actor que simula recibirlas. Muchos participantes continuaron dando descargas a pesar de las súplicas del actor para que no lo hiciesen.

Los experimentos comenzaron en julio de 1961, tres meses después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y sentenciado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi en Alemania. Milgram ideó estos experimentos para responder a la pregunta: ¿Podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes? ¿Podríamos llamarlos a todos cómplices?

Milgram resumiría el experimento en su artículo Los peligros de la obediencia en 1974 escribiendo:

Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)

Método del experimento

A través de un cartel colocado en la parada del autobús en Florida (Connecticut) se reclamaban voluntarios para participar en un ensayo relativo al “estudio de la memoria y el aprendizaje” en Yale, por lo que se les pagaba cuatro dólares (equivalente a 28 dólares actuales) más dietas. A los voluntarios que se presentaron se les ocultó que en realidad iban a participar en una investigación sobre la obediencia a la autoridad. Los participantes eran personas de entre 20 y 50 años de edad de todo tipo de educación: desde los que acababan de salir de la escuela secundaria a participantes con doctorados.

El experimento requiere tres personas: El experimentador (el investigador de la universidad), el “maestro” (el voluntario que leyó el anuncio en el periódico) y el “alumno” (un cómplice del experimentador que se hace pasar por participante en el experimento). El experimentador le explica al participante que tiene que hacer de maestro, y tiene que castigar con descargas eléctricas al alumno cada vez que falle una pregunta.

A continuación, cada uno de los dos participantes escoge un papel de una caja que determinará su rol en el experimento. El cómplice toma su papel y dice haber sido designado como “alumno”. El participante voluntario toma el suyo y ve que dice “maestro”. En realidad en ambos papeles ponía “maestro” y así se consigue que el voluntario con quien se va a experimentar reciba forzosamente el papel de “maestro”.

Separado por un módulo de vidrio del “maestro”, el “alumno” se sienta en una especie de silla eléctrica y se le ata para “impedir un movimiento excesivo”. Se le colocan unos electrodos en su cuerpo con crema “para evitar quemaduras” y se señala que las descargas pueden llegar a ser extremadamente dolorosas pero que no provocarán daños irreversibles. Todo esto lo observa el participante.

A los participantes se les comunicaba que el “experimento estaba siendo grabado”, para que supieran que no podrían negar a posteriori lo ocurrido.

Se comienza dando tanto al “maestro” como al “alumno” una descarga real de 45 voltios con el fin de que el “maestro” compruebe el dolor del castigo y la sensación desagradable que recibirá su “alumno”. Seguidamente el investigador, sentado en el mismo módulo en el que se encuentra el “maestro”, proporciona al “maestro” una lista con pares de palabras que ha de enseñar al “alumno”. El “maestro” comienza leyendo la lista a éste y tras finalizar le leerá únicamente la primera mitad de los pares de palabras dando al “alumno” cuatro posibles respuestas para cada una de ellas. Éste indicará cuál de estas palabras corresponde con su par leída presionando un botón (del 1 al 4 en función de cuál cree que es la correcta). Si la respuesta es errónea, el “alumno” recibirá del “maestro” una primera descarga de 15 voltios que irá aumentando en intensidad hasta los 30 niveles de descarga existentes, es decir, 450 voltios. Si es correcta, se pasará a la palabra siguiente.

El “maestro” cree que está dando descargas al “alumno” cuando en realidad todo es una simulación. El “alumno” ha sido previamente aleccionado por el investigador para que vaya simulando los efectos de las sucesivas descargas. Así, a medida que el nivel de descarga aumenta, el “alumno” comienza a golpear en el vidrio que lo separa del “maestro” y se queja de su condición de enfermo del corazón, luego aullará de dolor, pedirá el fin del experimento, y finalmente, al alcanzarse los 270 voltios, gritará de agonía. Lo que el participante escucha es en realidad una grabación de gemidos y gritos de dolor. Si el nivel de supuesto dolor alcanza los 300 voltios, el “alumno” dejará de responder a las preguntas y se producirán estertores previos al coma.

Por lo general, cuando los “maestros” alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus “alumnos” y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al llegar a los 135 voltios, muchos de los “maestros” se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su “alumno”.

Si el “maestro” expresaba al investigador su deseo de no continuar, éste le indicaba imperativamente y según el grado:

  • Continúe, por favor.
  • El experimento requiere que usted continúe.
  • Es absolutamente esencial que usted continúe.
  • Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.

Si después de esta última frase el “maestro” se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.

En el experimento original, el 65% de los participantes (26 de 40) aplicaron la descarga de 450 voltios, aunque muchos se sentían incómodos al hacerlo. Todos los “maestros” pararon en cierto punto y cuestionaron el experimento, algunos incluso dijeron que devolverían el dinero que les habían pagado. Ningún participante se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios.

El estudio posterior de los resultados y el análisis de los múltiples tests realizados a los participantes demostraron que los “maestros” con un contexto social más parecido al de su “alumno” paraban el experimento antes.

Además de este proyecto, Milgram realizó otro en el que se utilizaban ratones de experimentación. El experimento consistía en mostrarles la salida a los ratones, dentro de una caja de paredes electrificadas. El ratón entendía que la salida no le beneficiaba y seguía a la próxima pared, para así encontrar la salida. El experimento muestra que el ratón tanto como el ser humano puede ser condicionado con presión para hacer lo que pide el demandante o maestro como en el experimento con alumnos.

Resultados

Milgram rodó una película documental que demostraba el experimento y sus resultados, titulada “Obediencia”, cuyas copias originales son difíciles de encontrar hoy en día.

Antes de llevar a cabo el experimento, el equipo de Milgram estimó cuáles podían ser los resultados en función de encuestas hechas a estudiantes, adultos de clase media y psicólogos. Consideraron que el promedio de descarga se situaría en 130 voltios con una obediencia al investigador del 0%. Todos ellos creyeron unánimemente que solamente algunos sádicos aplicarían el voltaje máximo.

El desconcierto fue grande cuando se comprobó que el 65% de los sujetos que participaron como “maestros” en el experimento administraron el voltaje límite de 450 a sus “alumnos”, aunque a muchos el hacerlo les colocase en una situación absolutamente incómoda. Ningún participante paró en el nivel de 300 voltios, límite en el que el alumno dejaba de dar señales de vida. Otros psicólogos de todo el mundo llevaron a cabo variantes de la prueba con resultados similares, a veces con diversas variaciones en el experimento.

En 1999, Thomas Blass, profesor de la universidad de Maryland publicó un análisis de todos los experimentos de este tipo realizados hasta entonces y concluyó que el porcentaje de participantes que aplicaban voltajes notables se situaba entre el 61% y el 66% sin importar el año de realización ni la localización de los estudios.

Reacciones

Lo primero que se preguntó el desconcertado equipo de Milgram fue cómo era posible que se hubiesen obtenido estos resultados. A primera vista, la conducta de los participantes no revelaba tal grado de sadismo, ya que se mostraban preocupados por su propia conducta. Todos se mostraban nerviosos y preocupados por el cariz que estaba tomando la situación y, al enterarse de que en realidad la cobaya humana no era más que un actor y que no le habían hecho daño, suspiraban aliviados. Por otro lado eran plenamente conscientes del dolor que habían estado infligiendo, pues al preguntarles por cuánto sufrimiento había experimentado el alumno la media fue de 13 en una escala de 14.

El experimento planteó preguntas sobre la ética del método científico en sí mismo debido a la tensión emocional extrema sufrida por los participantes (aunque se podría decir que dicha tensión fue provocada por sus propias y libres acciones). La mayoría de los científicos modernos considerarían el experimento hoy inmoral, aunque dio lugar a valiosos estudios sobre la psicología humana.

En defensa de Milgram hay que señalar que el 84% de participantes dijeron posteriormente que estaban “contentos” o “muy contentos” de haber participado en el estudio y un 15% les era indiferente (respondieron un 92% de todos los participantes). Muchos le expresaron su gratitud más adelante y Milgram recibió en varias ocasiones ofrecimientos y peticiones de ayuda de los antiguos participantes.

Hay un colofón poco conocido del experimento Milgram, reportado por Philip Zimbardo: Ninguno de los participantes que se negaron a administrar las descargas eléctricas finales solicitaron que terminara el experimento (que se dejaran de realizar ese tipo de sesiones) ni acudieron al otro cuarto a revisar el estado de salud de la víctima sin antes solicitar permiso para ello.

Seis años después del experimento (durante la Guerra de Vietnam) uno de los participantes en el experimento envió una carta a Milgram explicándole por qué estaba agradecido de haber participado a pesar del estrés:

Fui un participante en 1964, y aunque creía que estaba lastimando a otra persona, no sabía en absoluto por qué lo estaba haciendo. Pocas personas se percatan cuándo actúan de acuerdo con sus propias creencias y cuándo están sometidos a la autoridad. […] Permitir sentirme con el entendimiento de que me sujetaba a las demandas de la autoridad para hacer algo muy malo me habría asustado de mi mismo […] Estoy completamente preparado para ir a la cárcel si no me es concedida la demanda de objetor de conciencia. De hecho, es la única vía que podría tomar para ser coherente con lo que creo. Mi única esperanza es que los miembros del jurado actúen igualmente de acuerdo con su conciencia […]

Sin embargo, no todos los participantes experimentaron este cambio en su vida. De acuerdo con los estándares modernos, los participantes no fueron totalmente desengañados, y algunas entrevistas de salida indicaron que muchos participantes nunca entendieron del todo la naturaleza del experimento.

Los experimentos provocaron críticas emocionales, más acerca de la ética del experimento mismo, que sobre los resultados. En la publicación Jewish Currents(Actualidades judías), Joseph Dimow, un participante en el experimento de 1961 en la Universidad de Yale, escribió acerca de sus sospechas tempranas de que “todo el experimento estaba diseñado para ver si los estadounidenses comunes obedecerían órdenes inmorales, como muchos alemanes habrían hecho durante el periodo nazi”. De hecho este era uno de los fines explícitos del experimento. Citando del prefacio del libro de Milgram, Obedience to Authority:

La cuestión surge para saber si hay conexión entre lo que hemos estudiado en el laboratorio y las formas de obediencia que hemos condenado de la época nazi.

En 1981 Tom Peters y Robert H. Waterman Jr. escribieron que el Experimento Milgram y el posterior Experimento Zimbardo en la Universidad de Stanford eran aterradores en sus implicaciones acerca del peligro que amenazaba en el lado oscuro de la naturaleza humana.

Interpretaciones

El profesor Milgram elaboró dos teorías que explicaban sus resultados:

  • La primera es la teoría del conformismo, basada en el trabajo de Solomon Asch, que describe la relación fundamental entre el grupo de referencia y la persona individual. Un sujeto que no tiene la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, particularmente en una crisis, transferirá la toma de decisiones al grupo y su jerarquía. El grupo es el modelo de comportamiento de la persona.
  • La segunda es la teoría de la cosificación (agentic state), donde, según Milgram, la esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos. Una vez que esta transformación de la percepción personal ha ocurrido en el individuo, todas las características esenciales de la obediencia ocurren. Este es el fundamento del respeto militar a la autoridad: los soldados seguirán, obedecerán y ejecutarán órdenes e instrucciones dictadas por los superiores, con el entendimiento de que la responsabilidad de sus actos recae en el mando de sus superiores jerárquicos.

Variaciones

En su libro Obedience to Authority: An Experimental View, Milgram describe diecinueve variaciones de su experimento. Generalmente, al aumentar la cercanía física de la víctima, disminuía la obediencia del participante. La obediencia también disminuía al aumentar la distancia física respecto de la autoridad (experimentos 1 al 4). Por ejemplo, en el experimento 2, donde los participantes recibían instrucciones por teléfono, la obediencia disminuyó en un 21 %. Es interesante que algunos participantes trataron de engañar a la autoridad (el experimentador) fingiendo que continuaban con el experimento. En la variación donde la víctima tenía la mayor cercanía física con el participante, cuando los participantes tenían que mantener físicamente el brazo de la víctima sobre la placa que generaba la descarga eléctrica, la obediencia decreció. En estas circunstancias, sólo 30 % de los participantes completaron el experimento.

En el experimento 8 los participantes fueron mujeres: Anteriormente todos los participantes habían sido hombres. La obediencia no varió significativamente, aunque las mujeres manifestaron haber experimentado mayores niveles de estrés.

El experimento 10 se realizó en una oficina modesta en Bridgeport, Connecticut, fingiendo que quien realizaba el experimento era la entidad comercial “Research Associates of Bridgeport” sin conexión aparente con la Universidad de Yale (para eliminar el factor de prestigio de la Universidad que influenciara el comportamiento de los participantes). En estas condiciones la obediencia cayó al 47,5 %.

Milgram también combinó el poder de la autoridad con la conformidad. En esos experimentos los participantes fueron acompañados por uno o dos “maestros” (también actores, como el aprendiz o víctima). El comportamiento de los acompañantes influyó de manera importante en los resultados. En el experimento 17, cuando dos maestros suplementarios se negaron a cumplir las órdenes, sólo 4 de los 40 participantes continuaron en el experimento. En el experimento 18, los participantes realizaron una tarea de acompañamiento (leyeron las preguntas por un micrófono o registraron las respuestas del aprendiz) con otro maestro, quien completaba la prueba. En esa variación sólo 3 de 40 desafiaron al experimentador.

Recientes variaciones del experimento de Milgram sugieren que la interpretación no supone obediencia ni autoridad, sino que los participantes sufren una desolación aprendida, donde se sienten incapaces de controlar el resultado, de manera que abdican a su responsabilidad personal. En un experimento reciente donde se usó una simulación de computadora en lugar de un aprendiz que recibía descargas, los participantes que administraban las descargas eran conscientes de que el aprendiz era irreal, pero aun así los resultados fueron los mismos.

En la popular serie Basic Instincts, se repitió el experimento de Milgram en 2006, con los mismos resultados con los hombres. En un segundo experimento con mujeres se mostró que ellas eran más proclives a continuar el experimento. Un tercer experimento, con un maestro adicional para generar presión, mostró que en estas condiciones los participantes continuaban con el experimento hasta el final.

Ejemplos de la vida real

De abril de 1995 a junio de 2004 hubo una serie de engaños, conocidos como Strip Search Prank Call Scam, en la cual trabajadores de restaurantes de comida rápida en Estados Unidos recibían una llamada de alguien que decía ser oficial de policía, quien persuadía a las figuras de autoridad para desnudar y abusar sexualmente de los trabajadores. El artífice obtuvo un alto nivel de éxito al persuadir a las víctimas para que realizaran actos que no habrían realizado en circunstancias normales. El principal sospechoso de estas llamadas, David R. Stewart, fue encontrado no culpable en el único caso que ha ido a juicio hasta ahora.

El experimento en la cultura popular

En la película francesa “I… Comme Ícare” de 1979, dirigida por Henri Verneuil e interpretada por Yves Montand, Michel Albertini, Roland Amstutz, Jean-Pierre Bagot y Georges Bell, entre otros, se reproduce una sesión completa del experimento de Milgram.

El músico inglés Peter Gabriel incluyó en su trabajo “So” (1986) un tema llamado We do what we’re told (Milgram’s 37) en el que hace explícita referencia al experimento.

En el libro “El guardián del juego” se recuerda este experimento como parte de la clase de primer curso de Psicología en la universidad de Winchester.

En 2010 se estrenó el documental francés “El juego de la muerte (Le jeu de la mort)”, dónde se recrea el experimento de Milgram pero adaptándolo para que parezca un concurso de televisión. De este modo consiguen que los participantes no sepan que se trata de un experimento.

En el año 2015, se lanza la pelicula “Experimenter” interpretando Peter Sarsgaard a Stanley Milgram.

Fuente: Wikipedia

No es sobre no hacer nada, es sobre hacer lo que te gusta

En el trabajo, entre los amigos, en internet y desde hace unos años sobretodo en los blog de inversión y de la cargante y cegadora expresión independencia financiera. 

Cada día se escucha más la expresión ojalá tuviese el dinero suficiente para no trabajar y no hacer nada. La crisis, la precariedad laboral y sobretodo estar 8 (o 16) horas en un trabajo que en el mejor de los casos no te completa hace que explotemos, que queramos escapar.

Fin de semana de relax y el lunes vuelta al ruedo, recordamos, siempre con sesgos y nos imaginamos toda una vida de relax, idealizamos la felicidad, esa que no comprendemos y siempre se nos escapa entre los minutos de las manos y claro acabamos pensando que si no tuviésemos que trabajar estaríamos en el nirvana, algo así como estaban los romanos con la uvas y las vomitonas entre excesos.

3 de septiembre, primer sábado después de volver de las vacaciones de medio país. 9h de la mañana. Creo que este es de lejos el post más preciso en cuanto a tiempo que publico. Recordamos vacaciones, idealizamos recuerdos, nos viene a la mente esa absurda y perdedora frase regida por los sesgos de la mente de cualquier tiempo pasado fue mejor y deseamos como única salida dejar de trabajar, el trabajo  asalariado como mal que nos trajo la revolución industrial y la sociedad infantilizada actual no ha podido superar.

No, no es esa la solución, de hecho es la contraria.

¿Cuándo te has encontrado mejor? Seguramente cuando estabas absorto en una tarea, ya sea la de bañar a tus hijos, la de comer con tus primas, la de estar en medio de una tarea que te apasiona, la de por fin bajar de 3h30 esos malditos 42.195 metros, acabar el WOD sabiendo que has dado más de lo que tienes o analizar la idea que acabas de leer en el último libro de Jared Diamond. Concentrado, sin lugar a divagaciones, sin que tus pensamientos te controlen, si no que tu los controlas, los orientas, te diriges desde los pies a la cabeza hacia un objetivo. Felicidad no significa nada, es una ilusión. Abraham Maslow lo llamaba autorrealización.

Un día leí esta frase: voy a dejar de compararme con las mejores de mi generación para compararme con los mejores de la Historia y ahí vamos.

¿Por qué Ana Patricia toma los mandos del mayor banco español con 53 años? ¿Por qué el mejor inversor que este país ha visto nacer con 52 años ya ha anunciado que volverá este mes a trabajar? ¿No deberían Amancio, Carlos y Bill estar jubilados en una playa del Caribe jugando al dominó?

Ya es hora de avanzar, de quitarnos de la cabeza la estúpida idea de que la riqueza da la felicidad. Es justo al revés, la pasión es lo único que nos permitirá sacar lo mejor de nosotros a través del máximo esfuerzo, siempre concentrados. En este caso la riqueza vendrá, pero será como una consecuencia normal de estar entregados a un trabajo, a una meta, a una pasión. Warren nos lo recuerda hasta la saciedad: si piensas que por tener 2X en lugar de X vas a ser más feliz, estás equivocado, o mejor todavía yo hago lo que me gusta desde hace décadas, me da igual tener 10 que 100. ¿Queda claro?

Busca lo que te gusta y hazlo, hazlo hasta el final.

Antifrágil

Nassim Nicholas Taleb es una persona ciertamente particular. Debido a las críticas y amenazas que recibió por su libro El Cisne Negro se dedicó a entrenar su fuerza hasta tener un aspecto que, como el mismo dice, lo asemeja a un portero de discoteca.

Crítico, autodidacta, leído, culto, e iconoclasta, este autor nos ha regalado algunos de los escritos más revolucionarios de los últimos años.

Nassim Nicholas Taleb (Líbano, 1960) ha dedicado su vida a estudiar los problemas de la suerte, la incertidumbre, la probabilidad y el conocimiento. Ensayista, investigador y financiero, es miembro del Instituto de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York y profesor de Ciencias de la Incertidumbre en la Universidad de Massachusetts y en la London Business School.

En El cisne negro, Taleb planteó un problema (el de las repercusiones que causan las cosas que nadie puede prever…) y en Antifrágil nos ofrece una solución definitiva: cómo obtener beneficios del desorden y el caos, al tiempo que nos protegemos de las fragilidades y de los acontecimientos adversos. Lo que Taleb denomina “lo antifrágil” va más allá de lo robusto, puesto que se beneficia de los shocks, las incertidumbres y del estrés, del mismo modo que los huesos humanos se robustecen cuando están sometidos al estrés y a la tensión. Lo “antifrágil” necesita el desorden para sobrevivir y florecer.  

Taleb se centra en la incertidumbre como algo deseable, incluso necesario, y propone que las cosas se construyan de una forma antifrágil. Lo antifrágil es inmune a los errores de predicción.

Sumamente ambicioso y multidisciplinario, nos ofrece un programa sobre cómo comportarnos –y prosperar- en un mundo que no comprendemos, y que es demasiado incierto como para que intentemos comprenderlo y predecirlo. El mensaje de Taleb, documentado e ingenioso, es revolucionario: Lo que no es antifrágil perecerá con toda seguridad.

Obra poliédrica, personal , documentada, bizarra, polémica, escéptica y revolucionaria, Antifrágil se escapa a cualquier intento de resumen más allá del enunciado de que lo antifrágil es lo que se beneficia del desorden.

Mostraré un breve texto que habla del dinero y cita a Warren Buffett y no para bien precisamente.

Taleb hace una lectura alternativa de la Historia sobre la que poco puede argumentarse. Sólo lo antifrágil sobrevive.

Después de leerlo me vino a la cabeza la inversión en valor, la cual se beneficia del desorden (volatilidad) para ser mejor y mostrar mayores rentabilidades. Y como este ejemplo, su lectura nos servirá para ver otros ámbitos desde otra perspectiva, como la riqueza, la cual cita en este texto. ¿Acaso no es verdad su última frase?

Puedes comprar Antifrágil en este link.

Pensar rápido, pensar despacio

Mucho había escuchado de este libro. Que Brian de Learning Value lo incluyese como uno de los 3 libros recomendados me obligó a leerlo.

Daniel Kahneman, uno de los pensadores más importantes del mundo, recibió el premio Nobel de Economía por su trabajo pionero en psicología sobre el modelo racional de la toma de decisiones. Sus ideas han tenido un profundo impacto en campos tan diversos como la economía, la medicina o la política, pero hasta ahora no había reunido la obra de su vida en un libro.

En Pensar rápido, pensar despacio, un éxito internacional, Kahneman nos ofrece una revolucionaria perspectiva del cerebro y explica los dos sistemas que modelan cómo pensamos. El sistema 1 es rápido, intuitivo y emocional, mientras que el sistema 2 es más lento, deliberativo y lógico. Kahneman expone la extraordinaria capacidad (y también los errores y los sesgos) del pensamiento rápido, y revela la duradera influencia de las impresiones intuitivas sobre nuestro pensamiento y nuestra conducta. El impacto de la aversión a la pérdida y el exceso de confianza en las estrategias empresariales, la dificultad de predecir lo que nos hará felices en el futuro, el reto de enmarcar adecuadamente los riesgos en el trabajo y en el hogar, el profundo efecto de los sesgos cognitivos sobre todo lo que hacemos, desde jugar en la Bolsa hasta planificar las vacaciones; todo esto solo puede ser comprendido si entendemos el funcionamiento conjunto de los dos sistemas a la hora de formular nuestros juicios y decisiones.

Al implicar al lector en una animada reflexión sobre cómo pensamos, Kahneman consigue revelar cuándo podemos confiar en nuestras intuiciones y cuándo no, y de qué modo podemos aprovechar los beneficios del pensamiento lento. Además, ofrece enseñanzas prácticas e iluminadoras sobre cómo se adoptan decisiones en la vida profesional o personal, y sobre cómo podemos usar distintas técnicas para protegernos de los fallos mentales que nos crean problemas. Pensar rápido, pensar despacio cambiará para siempre nuestra manera de pensar sobre cómo pensamos.

No puedo condensar en una entrada (ni creo que podría hacerlo en 100) lo que Daniel Kahneman ha conseguido con esta monumental obra. Me limitaré a sustraer unas páginas del libro con el objeto de invitar a los lectores a su lectura.

Pido disculpas de antemano por la calidad de las imágenes, son fotos que he realizado al libro. Sería mejor que escribiese yo mismo esas páginas en la entrada, pero la inversión de tiempo que me llevaría creo que no merecería la pena.

Nota: WYSIATI hace referencia a What You See Is All There Is, lo que ves es todo lo que hay, en relación al sesgo de sólo tener en cuenta lo que vemos.


Conclusión:

El ser humano es mucho menos racional de lo que él mismo cree. Kahneman detalla en su obra los sesgos de la mente a través de los estudios que ha llevado a cabo durante décadas.

Quizá sea el libro que más ha cambiado mi forma de ver la vida. Como reza la crítica de El Mundo impresa en su contraportada: Los más entusiastas lo comparan con Galileo y Darwin.

Si quieres comprar Pensar rápido, pensar despacio, puedes hacerlo aquí.

No hables de tus metas

Hace unos días, viendo una infografía sobre los hábitos de las personas ricas, me sorprendió uno de ellos, que no llegué a comprender:

Cuenta sus planes al mundo: Rico 6%. Pobre 69%.

Les pregunté a mis amigos, a mis compañeros de trabajo. No podía ser. ¿Por que es malo hablar de tus planes? Como no recibí una respuesta clara acabé buscando en Google.

300.000 resultados, parece que yo era el único que no sabía que hablar de tus metas te aleja de ellas. 

¿Pero como podía ser? ¿Qué sentido tenía? Intenté indagar el la psicología de este hecho.

El blog de David Cantone expone perfectamente el problema:

Tienes un proyecto entre manos que te tiene muy ilusionado. Incluso te cuesta conciliar el sueño. Tienes unas ganas locas de compartir con otra persona tu planes. Al final acabas contándoselo a tu madre y a tus amigos. De hecho, casi cada día les hablas de ello.

Mal. Sin tú saberlo cada vez que le cuentas a alguien tus planes te estás alejando de tu meta.

¿Cómo puede ser? ¿No debería ser bueno contarles a otros sobre nuestros proyectos? Así nos pueden apoyar o aconsejar, ¿no?

NO. Evita siempre que puedas contar a otros los proyectos que tienes en mente llevar a cabo o no se harán realidad.

Estudios demuestran que aquellas personas que hacen públicas sus intenciones es menos probable que terminen por llevarlas a cabo. Por contra, quienes no hablan de sus planes tienen más probabilidades de llevarlos a buen término.

La explicación:

Si hablas de tus proyectos o planes con otras personas creas en tu cerebro la ilusión de que ya lo has llevado a cabo. Eso te produce una satisfacción, suficiente para perder motivación en lo que planeabas hacer.

Como dijo Derek Sivers, de quien descubrí esta teoría en que se basa el artículo: “El cerebro confunde el decir con el hacer”.

¿Qué sucede cuando nos sentimos satisfechos? Que ya no queremos más. Por lo tanto, no seguimos buscando eso que se supone que nos tendría que reportar la satisfacción, es decir, la terminación del proyecto.

Tiene sentido, ¿verdad? ¿Cómo te sentiste la última vez que hablaste con alguien de un proyecto en el que estabas trabajando? Te sentiste bien estoy seguro. Una sensación de realización personal recorrió tu cuerpo.

Cuando eso ocurre mentalmente estás sustituyendo el auténtico logro (acabar tu proyecto) por una simulación del logro (“realidad social” de algo que no ha ocurrido).

La realidad social en este caso se produce cuando uno dice algo y otros lo escuchan. Ese algo es percibido como real (realidad social) sea real o no lo sea.

Por lo tanto, no es tanto el decir tus planes en voz alta sino el hecho de que sepas que otra persona conoce tus planes. Es esa realidad social lo que te hace sentir de forma prematura una sensación de satisfacción por algo que todavía no se ha llevado a cabo.

Por la misma razón, en otro estudio se ha descubierto que si tienes éxito en un objetivo (comer comida sana) al servicio del cumplimiento de una meta mayor (estar en buena forma) eres más propenso a reducir tus esfuerzos en otros objetivos (por ejemplo hacer ejercicio o dejar de fumar) conducentes a esa misma meta. ¡Interesante!

¿La solución?

Haz más habla menos.

La Inteligencia Emocional

En multitud de ocasiones leemos que la inversión es 99% psicología y 1% conocimiento. Incluso en este blog lo hemos repetido varias veces.

Pero ¿Qué queremos decir con 99% psicología? Esta frase hace referencia a que en la inversión la clave es el control de las emociones por encima del conocimiento. De hecho Warren Buffett siempre dijo que no tienen una inteligencia extraordinaria (afirmación que pongo en duda), si no un comportamiento adecuado a las inversiones.

Este comportamiento adecuado no es otra cosa que el control de las emociones. Desde que tenemos uso de razón nos damos cuenta que es un tema necesario para poder tener una vida plena y saludable, teniendo emociones pero evitando que nos sobrepasen.

Hasta hace no muchos años la única respuesta de la ciencia a esta necesidad era supeditar las emociones al conocimiento. La racionalidad como única inteligencia posible medida a través del Coeficiente Intelectual (CI). Fue a través de varios estudios que pusieron de manifiesto que las emociones podían influir más en el destino (y la felicidad) de una persona que el conocimiento por los cuales la ciencia abrió una puerta hacia el entendimiento de que quizá habría que tener en cuenta otros tipos de inteligencia.

Pero no fue hasta que el psicólogo Daniel Goleman en 1996 escribió uno de los ensayos más importantes del pasado siglo, aglutinando los diferentes estudios de la materia para plasmar una nueva teoría que cambiaría la visión del ser humano para siempre.

Esta entrada, como solemos hacer, no será un resumen del libro, para ello hay multitud de blogs de lectura, si no que dejaré un pequeño extracto del comienzo del mismo con el objeto de generar la curiosidad necesaria para iniciar su lectura.

Prologo

¿Por qué algunas personas parecen dotadas de un don especial que les permite vivir bien, aunque no sean las que más se destacan por su inteligencia? ¿Por qué no siempre el alumno más inteligente termina siendo el más exitoso? ¿Por qué unos son más capaces que otros para enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades bajo una óptica distinta?

El libro demuestra cómo la inteligencia emocional puede ser fomentada y fortalecida en todos nosotros, y cómo la falta de la misma puede influir en el intelecto o arruinar una carrera.

La inteligencia emocional nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo, acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social, que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal.

En un lenguaje claro y accesible, Goleman presenta una teoría revolucionaria que ha hecho tambalear los conceptos clásicos de la psicología, que daban prioridad al intelecto.

Resumen del libro por D. Goleman

El presente libro constituye una guía para conocer todas esas visiones científicas sobre la emoción, un viaje cuyo objetivo es proporcionarnos una mejor comprensión de una de las facetas más desconcertantes de nuestra vida y del mundo que nos rodea.

La meta de nuestro viaje consiste en llegar a comprender el significado —y el modo— de dotar de inteligencia a la emoción, una comprensión que, en sí misma, puede servirnos de gran ayuda, porque el hecho de tomar conciencia del dominio de los sentimientos puede tener un efecto similar al que provoca un observador en el mundo de la física cuántica, es decir, transformar el objeto de observación.

Nuestro viaje se inicia en la primera parte con una revisión de los descubrimientos más recientes sobre la arquitectura emocional del cerebro que nos explica una de las coyunturas más desconcertantes de nuestra vida, aquélla en que nuestra razón se ve desbordada por el sentimiento. Llegar a comprender la interacción de las diferentes estructuras cerebrales que gobiernan nuestras iras y nuestros temores —o nuestras pasiones y nuestras alegrías— puede enseñarnos mucho sobre la forma en que aprendemos los hábitos emocionales que socavan nuestras mejores intenciones, así como también puede mostrarnos el mejor camino para llegar a dominar los impulsos emocionales más destructivos y frustrantes. Y, lo que es aún más importante, todos estos datos neurológicos dejan una puerta abierta a la posibilidad de modelar los hábitos emocionales de nuestros hijos.

En la segunda parte, la siguiente parada importante de nuestro recorrido, examinaremos el papel que desempeñan los datos neurológicos en esa aptitud vital básica que denominamos inteligencia emocional, esa disposición que nos permite, por ejemplo, tomar las riendas de nuestros impulsos emocionales, comprender los sentimientos más profundos de nuestros semejantes, manejar amablemente nuestras relaciones o desarrollar lo que Aristóteles denominara la infrecuente capacidad de «enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto». (Aquellos lectores que no se sientan atraídos por los detalles neurológicos tal vez quieran comenzar el libro directamente por este capítulo).

Este modelo ampliado de lo que significa «ser inteligente» otorga a las emociones un papel central en el conjunto de aptitudes necesarias para vivir. En la tercera parte examinamos algunas de las diferencias fundamentales originadas por este tipo de aptitudes: cómo pueden ayudarnos, por ejemplo, a cuidar nuestras relaciones más preciadas o cómo, por el contrario, su ausencia puede llegar a destruirlas; cómo las fuerzas económicas que modelan nuestra vida laboral están poniendo un énfasis sin precedentes en estimular la inteligencia emocional para alcanzar el éxito laboral; cómo las emociones tóxicas pueden llegar a ser tan peligrosas para nuestra salud física como fumar varios paquetes de tabaco al día y cómo, por último, el equilibrio emocional contribuye, por el contrario, a proteger nuestra salud y nuestro bienestar.

La herencia genética nos ha dotado de un bagaje emocional que determina nuestro temperamento, pero los circuitos cerebrales implicados en la actividad emocional son tan extraordinariamente maleables que no podemos afirmar que el carácter determine nuestro destino. Como muestra la cuarta parte de nuestro libro, las lecciones emocionales que aprendimos en casa y en la escuela durante la niñez modelan estos circuitos emocionales tornándonos más aptos —o más ineptos— en el manejo de los principios que rigen la inteligencia emocional. En este sentido, la infancia y la adolescencia constituyen una auténtica oportunidad para asimilar los hábitos emocionales fundamentales que gobernarán el resto de nuestras vidas.

La quinta parte explora cuál es la suerte que aguarda a aquellas personas que, en su camino hacia la madurez, no logran controlar su mundo emocional y de qué modo las deficiencias de la inteligencia emocional aumentan el abanico de posibles riesgos, riesgos que van desde la depresión hasta una vida llena de violencia, pasando por los trastornos alimentarios y el abuso de las drogas.

Esta parte también documenta extensamente los esfuerzos realizados en este sentido por ciertas escuelas pioneras que se dedican a enseñar a los niños las habilidades emocionales y sociales necesarias para mantener encarriladas sus vidas.

El conjunto de datos más inquietantes de todo el libro tal vez sea el que nos habla de la investigación llevada a cabo entre padres y profesores y que demuestra el aumento de la tendencia en la presente generación infantil al aislamiento, la depresión, la ira, la falta de disciplina, el nerviosismo, la ansiedad, la impulsividad y la agresividad, un aumento, en suma, de los problemas emocionales.

Si existe una solución, ésta debe pasar necesariamente, en mi opinión, por la forma en que preparamos a nuestros jóvenes para la vida. En la actualidad dejamos al azar la educación emocional de nuestros hijos con consecuencias más que desastrosas. Como ya he dicho, una posible solución consistiría en forjar una nueva visión acerca del papel que deben desempeñar las escuelas en la educación integral del estudiante, reconciliando en las aulas a la mente y al corazón. Nuestro viaje concluye con una visita a algunas escuelas innovadoras que tratan de enseñar a los niños los principios fundamentales de la inteligencia emocional. Quisiera imaginar que, algún día, la educación incluirá en su programa de estudios la enseñanza de habilidades tan esencialmente humanas como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar con los demás.

En su Ética a Nicómaco. Aristóteles realiza una indagación filosófica sobre la virtud, el carácter y la felicidad, desafiándonos a gobernar inteligentemente nuestra vida emocional. Nuestras pasiones pueden abocar al fracaso con suma facilidad y. de hecho, así ocurre en multitud de ocasiones; pero cuando se hallan bien adiestradas, nos proporcionan sabiduría y sirven de guía a nuestros pensamientos, valores y supervivencia. Pero, como dijo Aristóteles, el problema no radica en las emociones en sí sino en su conveniencia y en la oportunidad de su expresión. La cuestión esencial es: ¿de qué modo podremos aportar más inteligencia a nuestras emociones, más civismo a nuestras calles y más afecto a nuestra vida social?

Conclusión:

Este libro es uno de los más importantes que se han escrito en las últimas décadas, ya no sólo en el campo del ensayo o la psicología, si no en la ciencia en general.

Que la inteligencia no sólo sea conocimiento entendido y medido a través del Coeficiente Intelectual (difícil de modificar), si no que incluya un tipo de inteligencia emocional que es un hábito y como tal se puede aprender supone lo que Eduard Punset suele repetir: el cerebro es plástico lo que significa que podemos modificarlo y controlarlo para ampliar nuestra inteligencia, adaptándonos mejor al medio, consiguiendo nuevas metas y siendo más felices.

En mi opinión este libro es el eslabón que enlaza El Gen Egoista de Richard Dawkins con Influencia de Robert Cialdini. Tres libros ya no excelentes, si no necesarios para entender la sociedad y a nosotros mismos.

Puedes comprar La Inteligencia Emocional de Daniel Goleman clicando en este link.

¿Por qué hay pocos Value Investors que tengan éxito?

El Value Investing es atractivo:

  • Históricamente ha demostrado que es la mejor forma de acercarse a los mercados.
  • Los mejores inversores de la Historia han pertenecido a esta corriente.
  • Muestra una lógica aplastante.
  • Ha permitido a Warren Buffett ser una de las personas más ricas del planeta, popularizando este tipo de inversión.
  • Existen multitud de libros que enseñan paso a paso como analizar una empresa.

Esto nos podría hacer pensar que debería de haber multitud de casos de éxito de Value Investors. Pero nada más lejos de la realidad, si bien los mejores inversores suelen ser Value Investors, no todos los Value Investors son inversores de éxito.

¿Por qué si parece tan lógico y hay tantos libros y charlas publicadas sólo unos pocos tienen éxito?

La inversión, como siempre repetimos, es mucho más psicología que matemáticas. Esto lo explicó AZVALOR perfectamente en la pasada Conferencia Anual de inversores, que si bien ya hemos visto por aquí, quería dar especial relevancia a una slide en la que trataban de explicar por que pocos consiguen triunfar en el Value Investing.

Podeis ver esta slide en la Conferencia, sobre el minuto 35:

Cualidades contradictorias del Value Investor

El concepto del Value Investing es muy atractivo (“Compra algo por menos de lo que vale”) y su mayor exponente (Warren Buffett) ha triunfado masivamente – Muchos quieren ser “value investors”

Pocos lo consiguen, y no por falta de capacidad del resto, si no porque:

  1. Se requiere la concurrencia de cualidades CONTRADICTORIAS en una persona.
    • Entre necesidad de arrogancia (para actuar) / humildad (saber que te puedes equivocar)
    • Flexibilidad (te das cuenta de que te has equivocado) / testarudez (para doblar si crees que no)
    • Convicción (concentrar en las ideas top) / sentido común (para a pesar de todo diversificar)
    • Escepticismo sano pero no contrarian “a ciegas”
    • Profundo respeto por las lecciones de la Historia. Pero sabiendo que con frecuencia pasan cosas que nunca antes habían pasado.
    • Integridad para asumir errores / fortaleza para arriesgarte a cometer más. Honestidad intelectual para no confundir suerte con destreza.

                  …. y 2. la confianza de los clientes para aguantar los momentos malos.

Conclusión:

Este texto es una ampliación de la idea que siempre repetimos acerca de que la psicología es clave en la inversión.

Deberemos trabajar en estas ideas. Estudiar con humildad a los grandes en primer lugar, ya que suele ser más barato que aprender de nuestros propios errores que seguramente se den.

La inversión es una extensión más del conocimiento humano. Los grandes inversores han sido sobretodo personas extremadamente cultas. Esto les ha permitido ser seres humanos más completos, más complejos y con más herramientas (modelos mentales) a la hora de abordar una inversión. Alejándose de la simpleza de tener una u otra característica, mutan y se adaptan a cada decisión, moviéndose entre cualidades contradictorias.

Influencia

Una de las entradas que tenía pendientes era una específica sobre uno de los mejores libros que he leído, que no es otro que Influencia de Robert Cialdini.

Si bien lo hemos referenciado en pasadas entradas, en ninguna hemos hablado de este libro específicamente.

Lo descubrí por Charlie Munger quien siempre lo recomienda, lo regala a sus amigos y lo tiene a mano para consulta contínua. De hecho he copiado esta práctica y lo suelo regalar a mis amigos.

Esta entrada no trata de ser un resumen del libro, eso lo tenemos en multitud de webs de lectura o directamente en Amazon. Esta entrada tiene como objetivo tratar de despertar la curiosidad para leer el libro. Para ello no se me ocurre mejor forma que incluyendo los primeros párrafos del libro, los cuales me parecen, como el resto del libro, totalmente magnéticos para despertar la curiosidad de su lectura completa.

Un día me telefoneó una amiga que había abierto recientemente una tienda de joyería india en Arizona. Se sentía desorientada por un hecho muy curioso. Acababa de ocurrir algo sorprendente y pensó que yo, como psicólogo, podría encontrarle una explicación.

Era un asunto relacionado con cierta partida de joyas con turquesas que mi amiga había tenido dificultades para vender. Con la temporada turística en pleno auge, la tienda estaba siempre llena de clientes y, por otra parte, la calidad de las piezas era buena en relación con su precio. Sin embargo, no se vendían.

Mi amiga había probado algunos de los trucos habituales en el mundo comercial para darles salida. Intentó llamar la atención sobre ellas cambiándolas de sitio y las colocó en una vitrina mejor situada; no hubo suerte. Pidió incluso a su personal de ventas que insistiese mucho en esas piezas, pero tampoco tuvo éxito.

Finalmente, la noche antes de iniciar un viaje de compras, garabateó en una nota dirigida a su encargada de ventas:

«El precio de todo lo de esta vitrina, X 1/2». Tenía la esperanza de librarse así de las piezas, aunque fuera con pérdidas. A su regreso, pocos días más larde, no le sorprendió ver que todos esos artículos se habían vendido, pero sí le causó una fuerte impresión descubrir que, debido a que la empleada había leído «2» donde la nota decía «1/2», ¡toda la partida había vendido al doble de su precio original!

Fue entonces cuando me telefoneó. Yo creía saber lo que había ocurrido, pero le dije que para explicarle las cosas adecuadamente tenía que contarle primero una anécdota.

Es algo relacionado no conmigo, sino con el comportamiento de los pavos y, en definitiva, con la etología, ciencia relativamente nueva que estudia a los animales en su medio natural. Las pavas son muy maternales; se muestran cariñosas, vigilantes y protectoras.

Dedican buena parte de su tiempo a atender, calentar, limpiar y cobijar bajo sus alas a los polluelos; pero hay algo extraño en su método. Prácticamente todo este comportamiento maternal lo desencadena el piar de los pollos de pavo.

Otros rasgos distintivos de los polluelos, como su olor, su tacto o su aspecto, parecen desempeñar un papel secundario en este proceso. Si un pollo de pavo pía, su madre se ocupa de él; si no emite ese sonido, la pava no le presta atención e incluso, en algunos casos, lo mata.

La extrema confianza de las pavas en este sonido fue claramente ilustrada por el experto en comportamiento animal M.W. Fox (1974) en una descripción de un experimento en el que intervenían una pava y una mofeta disecada.

Para las pavas las mofetas son enemigos naturales cuya proximidad será recibida con rabiosos graznidos, picotazos y arañazos. Los autores del experimento comprobaron que incluso un ejemplar disecado de mofeta, arrastrado con una cuerda hasta la pava, era objeto por parte de ésta de un inmediato y furioso ataque.

En cambio, si en el interior de la mofeta disecada se colocaba un pequeño cássete con una grabación del piar característico de los pollos de pavo, la madre no sólo aceptaba la proximidad de la mofeta, sino que incluso la cobijaba bajo sus alas.

Cuando se apagaba el cássete, la mofeta era de nuevo atacada con furia por la pava.

[…]

RESUMEN AL CAPÍTULO 1

Los etólogos, investigadores dedicados al estudio del comportamiento de los animales en su medio natural, han observado que el comportamiento de muchas especies sigue pautas rígidas y mecánicas.

Conocidas como modelos de acción fija, estas secuencias de comportamiento mecánico presentan notables semejanzas con ciertas respuestas automáticas de los seres humanos.

Tanto en el caso del hombre como en el de los animales, los modelos de comportamiento automático tienden a ser desencadenados por una sola característica de la información relacionada con la situación de que se trate.

Esta única característica, o factor desencadenante, resulta a menudo muy valiosa, al permitir a un individuo elegir un curso de acción correcto sin necesidad de analizar minuciosa y exhaustivamente toda la información sobre la situación.

La ventaja de este tipo de respuesta radica en su eficiencia y economía; al reaccionar automáticamente ante un factor desencadenante, generalmente de carácter informativo, el individuo ahorra tiempo, energía y capacidad mental.

Dicha respuesta, sin embargo, tiene el inconveniente de ser muy vulnerable a errores absurdos y costosos; al reaccionar ante un solo elemento de la información (aunque este elemento tenga habitualmente valor predictivo) el individuo incrementa la probabilidad de error, en especial cuando la respuesta es automática e irreflexiva.

La probabilidad de error es todavía más alta cuando otros individuos intentan (manipulando los factores desencadenantes) estimular determinado comportamiento en un momento inadecuado para obtener con ello algún beneficio.

Buena parte del proceso de sumisión (por el que una persona es incitada a acceder a la petición de otra) se puede explicar a partir de la tendencia humana a reaccionar de forma automática, a elegir el camino más corto.

En nuestra cultura, la mayor parte de los individuos desarrollan un conjunto de factores desencadenantes de la sumisión, es decir, un conjunto de elementos concretos de información que, en condiciones normales, indican cuándo es probable que acceder a una petición sea correcto y beneficioso.

Cada uno de estos factores desencadenantes de la sumisión puede utilizarse como un arma (de influencia) para incitar a la gente a acceder a las peticiones que se le formulan.

Conclusión:

Desde el inicio de la vida en el planeta, los seres vivos han buscado atajos para optimizar la adaptación al entorno. Estos atajos se aceleran en la medida que el entorno se ha ido haciendo más complejo para los seres humanos, con el creciente número de estímulos recibidos en el día a día.

Estos mismos atajos que inconscientemente tomamos para agilizar las decisiones se han utilizado para influenciar en nuestras decisiones.

Conocer cómo funcionan, nos ayudará a no caer en estas trampas y lo que es más importante, nos ayudará a conocer mejor el entorno en el que vivimos y a nosotros mismos.

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