Brexit: otra Europa es posible

Cuando alguien nos pregunta qué somos en política o, anticipándose con la insolencia que pertenece al estilo de nuestro tiempo, nos adscribe a una, en vez de responder, debemos preguntar al impertinente qué piensa él que es el hombre y la naturaleza y la historia, qué es la sociedad y el individuo, la colectividad , el Estado el uso, el derecho. La política se apresura a apagar las luces para que todos estos gatos resulten pardos.

José Ortega y Gasset. La Rebelión de las Masas, 1937.

Han corrido ríos de tinta desde que la mayoría de los británicos votase a favor de abandonar la Unión Europea.

Como es constante en nuestro tiempo, es difícil separar el grano de la paja.  El ruido ensordecedor de los medios hace que suponga un esfuerzo encomiable (y cada día más) tratar de ver la foto real de los hechos.

Por suerte existen mentes preclaras como la de Juan Ramón Rallo que ofrecen una visión desde el punto de vista de la Escuela Austriaca, una guía en nuestros días.

Brexit: Hacia una Europa más liberal

[…] las consecuencias del Brexit, para bien o para mal, dependerán de la nueva arquitectura institucional europea que comience a tejerse a partir de este día 24 de junio de 2016. El futuro pertenece a los valientes y, a mi juicio, sería un error típicamente conservador perseverar en la defensa de un statu quo subóptimo por blindarnos frente a cualquier riesgo de empeoramiento: pero debemos ser conscientes de que ese riesgo existe y de que es ahora cuando debemos extremar los esfuerzos por combatirlo. La campaña no debería haber sido contra el Brexit, sino contra aquellos que pretenden instrumentar el Brexit y el Bremain para recortar las libertades de británicos y europeos. Ni socialismo supraestatalizador, ni fascismo nacionalista y proteccionista: liberalismo cosmopolita y respetuoso de la autoorganización política descentralizada.

Brexit: una oportunidad para Europa 

La reciente victoria de David Cameron en las elecciones británicas fue precedida de su reiterada promesa de celebrar un referéndum sobre la continuidad de Gran Bretaña dentro de la Unión Europea. Han sido muchos, especialmente desde el Continente, los que han tildado de irresponsable las maniobras del lídertorie: a su entender, Cameron apostó por salir reelegido abrazando el populismo euroescéptico y desestabilizando las instituciones comunitarias.

Sin embargo, la amenaza de un Brexit (de una salida de Gran Bretaña de la UE) debería ser observada como una ilusionante oportunidad para frenar y revertir el inquietante proceso de centralización y de burocratización que viene caracterizando al megaEstado europeo desde su misma creación. En Reino Unido, por fortuna, parece que así lo han entendido: a pesar de que la mitad de su comercio exterior lo mantienen con países de la UE, casi un tercio de las empresas británicas reputan beneficioso sustituir su pertenencia a la UE por un acuerdo de libre comercio con sus actuales socios comunitarios, y alrededor del 60% no se oponen a seguir dentro de la UE siempre y cuando su país recupere muchas de las competencias que lenta e imprudentemente le ha ido transfiriendo a la burocracia bruselense.

Dicho de otro modo, la postura mayoritaria en Reino Unido parece ser la que dicta el sentido común liberal: la Unión Europea acarrea muy importantes beneficios que hay que tratar de conservar (la libertad comercial) pero también muy sustanciales costes que deben ser erradicados (las absurdas regulaciones comunitarias o las transferencias a Bruselas de los impuestos de los contribuyentes británicos). En esta misma línea se ha expresado el centro de pensamiento Open Europe, para quien la Unión Europea acarrea actualmente tantos costes regulatorios y fiscales que una eventual salida de Reino Unido podría incluso llegar a serle beneficiosa siempre que conservara la libertad de movimientos de personas, capitales y mercancías con el resto del Continente.

En concreto, Open Europe estima que el PIB británico en 2030 podría llegar a ser un 1,6% superior fuera de la UE que dentro de la misma siempre que se mantenga como una nación librecambista y aproveche su salida para desregular; en cambio, podría ser un 2,2% inferior si se enrocara en el proteccionismo regulatorio. Es decir, según cómo se administre, el Brexit podría generar desde unas pérdidas anuales de unos 3.300 euros por familia o unas ganancias de 2.400.

Ahí radica justamente la clave de la cuestión que debería inducir a una profunda reflexión no solo a los británicos sino sobre todo al resto de europeos: con el pretexto de estrechar lazos sociales, culturales y económicos, Bruselas ha ido construyendo una asfixiante e innecesaria burocracia regulatoria que se superimpone sobre las no menos asfixiantes e innecesarias regulaciones nacionales, regionales o municipales, socavando así las bases de nuestra prosperidad y de muchas de nuestras libertades. Para lograr la integración europea no necesitamos más normativas estatales, sino mantener suprimida  las barreras y las fronteras que tradicionalmente habían dificultado esa integración.

Sería un error sacralizar la actual configuración de las instituciones comunitarias o creer que oponerse a su ilimitado crecimiento atenta contra el espíritu de los tiempos. Países tan respetables y avanzados como Noruega, Suiza o Islandia no pertenecen a la UE, pero merced a su afiliación al Espacio Económico Europeo o a la Asociación Europea de Libre Comercio sí disfrutan de las libertades básicas intracomuntarias de las que desean seguir disfrutando muchos ciudadanos británicos fuera de la UE. Por consiguiente, el debate sobre Brexit, lejos de constituir un movimiento reaccionario y oscurantista en contra de la modernidad, supone todo un revulsivo contra la inercia fagocitadoramente estatista en la que había caído Bruselas.

Incluso quienes sueñen con unos Estados Unidos de Europa deberían celebrar que Reino Unido cuestione el rumbo emprendido hasta la fecha. Sólo aquellas asociaciones que toleran la salida de sus miembros poseen los incentivos para rectificar sus errores, revigorizarse y reinventarse; las asociaciones que la impiden, en cambio, tienden a degenerar en un decadente parasitismo multilateral. Si Bruselas aspira a convencer a los británicos de que no deben abandonar la UE, será imprescindible que cambie en la buena dirección: esto es, menos centralización, menos transferencias fiscales intracomunitarias y menos regulaciones. Tal sería un cambio del que nos beneficiaríamos todos los europeos, abandone o no abandone Gran Bretaña las instituciones comunitarias.

Conclusión:

No podemos valorar lo que supone el Brexit ya que el proceso sólo ha dado su primer paso, dependerá como queden los acuerdos UK-UE para poder tener una foto final.

Lo que podemos valorar es la situación actual. Europa tiene una oportunidad histórica en hacer una Unión de los ciudadanos en lugar de una Unión de los políticos.

Si desde Berlín-Bruselas cierran los ojos al toque de atención que les ha dado UK, la salida de países de la UE no habrá hecho más que comenzar, el proteccionismo y la vieja Europa renacerá, con todos los riesgos que eso supone. Si por el contrario los políticos europeos analizan la realidad, creando una unión más liberal, minimizando su mastodóntico tamaño (e impuestos), comprendiendo que cada región es diferente, entonces y sólo entonces tendremos una Europa próspera y unida en la que los ciudadanos sean libres.

5 comentarios
  1. Roberto Dice:

    Para el conjunto de los ciudadanos europeos sí que sería deseable una UE que volviera a sus orígenes basados en la libertad: libertad de comercio, libertad de tránsito, libertad de movimiento de capitales.
    Desgraciadamente, la deriva burocrática e hiperreguladora impulsada por la casta política y funcionarial, es de muy difícil reversión.
    Como alude Charlie Munger con frecuencia, nunca se acaba de valorar adecuadamente el poder de los incentivos. En el caso que nos ocupa, los políticos y funcionarios europeos no están precisamente por la labor de renunciar al poder y prebendas de sus cargos, sino por la de consolidarlos y aumentarlos. Naturalmente, a costa de los sufridos (y cada vez menos libres) contribuyentes.

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    • Víctor Morales Dice:

      100% de acuerdo en tu comentario, poco que añadir o puntualizar.
      UK ha sentado precedente así que esperemos que los políticos europeos tomen buena cuenta de ello y permitan una UE más libre con menos cargas, ya que de lo contrario el desmembramiento no habrá hecho más que comenzar.

      Muchas gracias por el excelente comentario.

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  2. Marc Dice:

    ¡Hola, Víctor!
    Un artículo interesante. En mi opinión, no tengo ni idea de lo que el Bréxit puede llegar a suponer a nivel político o el impacto que puede tener en nuestra vida diaria, pero sí creo que puede significar volatilidad, es decir, oportunidades de inversión que puedes ayudarnos a cambiarnos la vida a mejor.
    Muchas gracias por compartir tus reflexiones, son muy interesantes.
    Un abrazo,
    Marc

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    • Víctor Morales Dice:

      Hola Marc.

      Veremos en que acaba el Brexit, no ha hecho más que comenzar, pero parece que puede ser hasta bueno.

      Respecto a la volatilidad es imposible saber que va a hacer el mercado a corto plazo, lo que tenemos que hacer es buscar y analizar empresas, como siempre 😉

      Un abrazo y gracias por pasarte por aquí.

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  1. […] volcado con el emprendimiento, los negocios y los mercados. Incluso lo podemos entender, como comenta Juan Ramón Rallo, como una oportunidad para Europa, un toque de atención que haga disminuir la burocracia y el […]

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